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Jaime Durán Barrera: liberal de Petro en Bogotá, antipetrista en Santander

Jaime Durán juega a dos bandas. En Santander se vende como opositor de Petro, pero en Bogotá le vota todo. Mientras el Gobierno olvida al departamento, él guarda silencio… a cambio de cuotas y clientelismo. No representa al liberalismo, ni a Santander: solo a su propia conveniencia.

Jaime Durán Barrera es el perfecto ejemplo del político que domina el arte del disfraz. En Bogotá, es un liberal funcional al Gobierno: ha votado a favor de prácticamente todos los proyectos de Gustavo Petro, aplaudiendo sin reparos las reformas del Ejecutivo. Pero en Santander, se transforma. Se mueve con soltura entre círculos claramente antipetristas, respalda al gobernador Juvenal Díaz y al alcalde Jaime Beltrán —dos de los más férreos opositores del presidente— y se presenta como crítico del gobierno nacional. Una doble moral que no es ideológica: es puramente estratégica.

La razón detrás de este juego de máscaras no es un misterio: clientelismo. En el Congreso, Durán no vota por convicción ni por coherencia liberal, sino por cuotas, favores y supervivencia política. Su cercanía con el gobierno Petro no ha producido ni un solo beneficio concreto para Santander, pero sí le ha permitido mantener su cuota de poder a nivel nacional.

Mientras tanto, el departamento permanece en el olvido. Petro ha marginado sistemáticamente a Santander en materia de inversión pública, pero Durán no ha alzado la voz, no ha exigido recursos, no ha liderado proyectos. Ha preferido el silencio cómplice a cambio de mantenerse en la rosca burocrática del poder central.

En Santander, se presenta como un bastión contra el “gobierno del cambio”, posando de defensor de los valores conservadores que ni siquiera practica. En Bogotá, es un voto obediente del petrismo. Lo suyo no es oposición, ni oficialismo, ni liberalismo: es conveniencia.

Jaime Durán Barrera no representa los intereses de su partido ni de su región. Representa el cinismo político en su forma más pura. Y mientras juega a estar en todos los bandos, Santander sigue igual: sin obras, sin liderazgo… y sin dignidad representativa.

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